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Roberto Fidalme, especialista en venta de seguros.

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Roberto Fidalme, especialista en venta de seguros.

Roberto Fidalme trabajó como productor de seguros desde muy joven. Su cartera creció por muchos años y aceptó la increíble oportunidad de viajar a Brasil, sin conocer el idioma ni las costumbres, se lanzó a un nuevo desafío. Roberto siempre se destacó por brindar soluciones eficaces a los planteamientos de sus clientes. Su perseverancia, entusiasmo y confianza lo llevaron a convertirse en líder en su área. En este relato, nos cuenta cómo llegó a ser un especialista en venta de seguros y no sólo ayudar a miles de personas, sino también darle un mejor futuro a su familia. 

¿Cómo comenzó tu carrera como agente de seguros?

Fuí productor de seguros desde muy joven. Mi cartera creció por muchos años y su composición llegó a acumular la mitad en el rubro automóviles. Esto hizo, que en cierto momento, tuviera que afrontar la construcción y administración de dos talleres de automóviles, al efecto de dar solución eficaz a los planteamientos de mis clientes. Ya que, a pesar de contratar “Todo Riesgo”, sin franquicias, los inspectores de las aseguradoras tasaban las reparaciones, a menor valor de lo que pedían los talleres donde dejaban los vehículos. De esta forma, eso quedó solucionado, ya que las reparaciones se efectuaban, por lo aceptado por los inspectores, y dentro de la mejor calidad de trabajo.

De esta manera, cada cliente me recomendaba a familiares y amigos, para seguros y reparaciones, y mi cartera evolucionaba brindando un excelente servicio.

En cierta época, la realidad de las Compañías de Seguros comenzó a opacarse, desapareciendo de la noche a la mañana muchas de ellas, dejando tras de sí, siniestros sin pagar, reclamos impagos y juicios diversos abandonados. En esta época, llegué a tener que enfrentar el pago de siniestros, y hasta a reponer algún automóvil que había sido robado y no pagado. En esta etapa, lógicamente, comencé a perder confianza en las aseguradoras, y a no dormir ante la incertidumbre de poder cumplir con quienes confiaban en mí. Sin embargo, siempre pensé: “Dios aprieta, pero no ahorca”.

Se presentó una oportunidad y Roberto supo aprovecharla 

Corría 1989, cuando mi hijo Fernando terminaba su séptimo grado, y los padres de sus compañeros, eligieron dos padres para que los acompañaran en su viaje de egresados a Córdoba. Uno de ellos fui yo. Durante el viaje, otro papá, al que no conocía demasiado, me preguntaba sobre mi actividad. Cuando le conté, me dijo que sentía que había encontrado la persona ideal, para pedir consejo sobre una actividad que le había presentado, una Compañía de seguros de EE.UU que buscaba representantes en Argentina. A él todo le parecía excelente sobre la propuesta, pero sólo no se animaba a prepararse y dar “El Paso inicial”, en una actividad que no conocía. Hablamos mucho sobre el tema en todo el viaje. 

Lo cierto es que, yo que no tenía tiempo para nada, pero diez días después, comencé a ir  todas las tardes a una oficina en el Centro para hacer una preparación intensiva sobre el tema. Quince días después, cité a uno a uno a mis promovedores, y logré cerrar una de mis primeras operaciones en esa compañía. Sin embargo, como realmente no me sentía un vendedor de nada, los asesoraba sobre “Protección” y “Previsión”, confiaban en mí y concretaban. 

Días después, me lancé yo mismo a visitar a otros conocidos, y para mi sorpresa, en todos los casos era entendido, comprendido, coincidiamos en la necesidad indispensable de lo que les ofrecía, y les indicaba cómo contratarlo ellos mismos, con mi ayuda.

El éxito de Roberto Fidalme siguió creciendo y cada vez tuvo más oportunidades

Al poco tiempo,  fui dejando de lado mis actividades locales, y empecé a viajar a ciudades donde tenía familiares o conocidos, que me recibían y de esta manera, fui afianzando el éxito.

Pasaron los años , disfruté de viajes, convenciones en muchos lugares del mundo, hasta que un día recibí un llamado del Director de Marketing de la Compañía, diciéndome que estaba en el Hotel Sheraton de Buenos Aires, y necesitaba conversar conmigo. Esa reunión, terminó de cambiar mi vida para bien. La Compañía ponía en mis manos un proyecto para ellos muy importante, expandirse en Brasil. Diez días después,  aterrizaba en São Paulo (La ciudad más grande y poblada de Brasil), sin saber portugués, pero deseoso de no defraudar ni a la Compañía que confiaba en mí, ni a mi familia. 

Los viajes se sucedieron, me reuní con mucha gente, y solo la persistencia me ayudaba a seguir adelante. De noche, leía mucho sobre Brasil, sus habitantes y sus costumbres, llegando a advertir que el real inicio debía darse en Rio Grande do Sul (Uno de los veintiséis estados que, junto con el distrito federal, forman la República Federativa del Brasil). El gaúcho, el folklore, el mate e iguales costumbres criollas.

Una semana después, comencé mi actividad en Porto Alegre (Una de las ciudades más importantes de Brasil, capital del estado de Río Grande del Sur) con mucho entusiasmo, pero todo fue muy duro, con la terrible mala fama de los porteños, y el desconocimiento de la lengua, se complicaba todo. 

Sentí mucha angustia y soledad, solo contaba con una fuerte confianza en la decisión que había tomado y en mi perseverancia. Esto hizo, que comenzara a conocer gente, y a través de esta gente, un día, llegué a encontrar mi primer reclutado, un corredor de seguros de Novo Hamburgo (Ciudad brasileña del estado de Río Grande del Sur), al que entrené y acompañé en cada entrevista hasta que consiguió despegar.

Hoy existe una sólida fuerza de ventas, con gerentes exitosos, y estructura detrás de cada uno de ellos. Son mi familia brasileña, me llaman “Papai”, y sus reclutados “Abo” (Abuelo).

Un consejo para quienes desean comenzar su carrera como agentes de seguros:

Ahora, con mis 74 años, sólo puedo aconsejarle a quien sienta que no está del todo conforme con lo que le está brindando su vida, que se fije bien en la “Estación Hoy”, que seguramente hay un tren listo para llevarlo a una vida mejor. Que acepte la invitación de alguien que se preocupa por él, y que ponga todo su empeño, osadía, entusiasmo y perseverancia, y estará encontrando el abrazo de bienvenida a una nueva vida. Su misión será ayudar a concientizar personas, y con esto se estará ayudando a sí mismo y a su Familia.

Roberto Fidalme

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