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 Si bien en la Argentina falta concientización sobre la importancia de aplicar sustentabilidad a los ladrillos, la cantidad de emprendimientos en etapa de proyecto o en construcción muestra un avance. Hoy, son 15 los edificios certificados y hay 82 más en proceso.

  

  
Por Lorena Obiol
 
Bastante agua limpia (y no tanto) corrió bajo el puente de la sustentabilidad desde que esta palabra comenzó a usarse. En 1713 el alemán Hans Carl von Carlowitz utilizó el término para referirse al suministro confiable de madera, preocupado ya por la tala indiscriminada de bosques.
Exactamente 300 años después, el tercer milenio hace uso y abuso de esta palabra que ya no solo refiere al cuidado del planeta. Los aspectos económicos y sociales se unen al factor ambiental para formar la tríada que los expertos denominan triple bottom line. Por eso, el ahorro de la energía o los materiales reciclados y reciclables son tan importantes como la calidad de vida de los habitantes de las ciudades. «Una buena ciudad nos va a dar igualdad de oportunidades, un sistema de transporte eficiente y acceso a espacios públicos, entre otras cosas. El 40% de la energía que se consume en el planeta se utiliza en el sector de la construcción, por eso nuestra calidad como diseñadores debe asegurar la sustentabilidad», disparó Brandon Haw, senior Partner del estudio de Norman Foster, quien vino a presentar el proyecto de TGLT en Rosario, cuyo masterplan desarrolló su empresa. Las cifras del crecimiento demográfico encienden una luz roja no solo a urbanistas, planificadores y arquitectos. También algunos gobiernos implementan políticas más activas, creando leyes que obligan y otras que premian o subsidian. «Según datos de la ONU, para el año 2050, 3100 millones de personas se habrán sumado al número de habitantes de las ciudades de nuestro planeta.
La población de América latina se estima en 500 millones y el 75%, 375 millones, vive en espacios urbanos. De ellos, 120 millones están por debajo de la línea de pobreza», dice el arquitecto y urbanista Roberto Converti, socio del estudio Oficina Urbana, quien también cuestiona cuánto puede servir un edificio sustentable inmerso en una ciudad degradada. «Actualmente, los centros urbanos provocan, al menos, tres cuartas partes de la contaminación total. Al menos la mitad de la población urbana vive en condiciones insalubres, sin acceso a servicios básicos.
La calidad de vida de los ciudadanos depende no solo de factores sociales y económicos sino también de las condiciones ambientales y físico-espaciales en las que habitan. El gran desafío es lograr un equilibrio entre las cualidades ambientales, las necesidades sociales y las demandas económicas a nivel colectivo, tomando a la ciudad como generador, filtro y registro de flujos (de materia, de energía, de personas).
La ciudad debe adoptar entonces un rol mediador y como tal incorporar estrategias de variabilidad y adaptabilidad en respuesta a estímulos naturales o artificiales», define la arquitecta Nicole Michel, coordinadora del curso «Norma LEED: Diseño, desarrollo y aplicación», que se dicta en la Universidad Torcuato Di Tella.
En la Argentina, entender y aplicar este concepto es una tendencia creciente pero muy verde aún (y no justamente por green).»En el mundo se aprecian distintas velocidades. Europa y Estados Unidos adoptaron en forma temprana, a fines de los ´90 y principios de 2000, regulaciones sobre la forma de construir.
Las regiones emergentes, entre ellas América latina, han cobrado un impulso a partir de 2007″, cuenta Andrés Schwarz, LEED Consultant de U.S. Equities. «La sustentabilidad aplicada a la construcción todavía no se encuentra totalmente arraigada, falta lograr una mayor concientización de los actores involucrados y un mayor desarrollo de prácticas y técnicas.
Aun así, la evolución que se observa en los últimos años y la cantidad de emprendimientos en etapa de proyecto o en construcción muestran un gran avance», agrega Alejandro Badino, gerente General de Colliers International.

Argentina, aún muy green

Existen varios termómetros habilitados que especifican cuán green es un edificio. Aunque, si bien el concepto de la sustentabilidad se puede medir con distintas herramientas, unas se impusieron más que otras. «En el mundo hay 437 etiquetados de sustentabilidad en 197 países. Entre ellos, se destaca la norma LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) un programa de certificación desarrollado por el USGBC (United States Green Building Council)», describe Schwarz, quien también precisa que «al 19 de julio de este año se han certificado 18.253 proyectos en el mundo, lo que significa que han completado el proceso y obtenido la calificación. Asimismo, otros 36.212 proyectos se encuentran registrados, es decir, en proceso de certificación.
En América latina, a julio de 2013, había 256 edificios certificados bajo norma LEED y 1496 en proceso. En la Argentina, la tendencia comenzó en 2011, con 15 proyectos certificados a la fecha y 82 más en proceso», sigue el experto de US Equities. «La cantidad de proyectos certificados y registrados en la Argentina es todavía muy baja en comparación con otros mercados latinoamericanos como Brasil o México y esto se debe a que en nuestro país esta tendencia es relativamente nueva», aporta Badino.
El primer edificio que logró una certificación LEED en la Argentina fue Barrancas de Lezama, una de las sedes del banco HSBC. Luego siguieron, también logrando el nivel oro, el local de Mc Donald´s en Las Palmas del Pilar y las oficinas de Google en Puerto Madero. «Si bien la construcción de un edificio sustentable implica una inversión un poco mayor, la cantidad de proyectos en construcción que se espera estén terminados para este año demuestra que los desarrolladores optan cada vez más por esta modalidad. De hecho, de los 71.000 m2 de oficinas A y A+ por ingresar al inventario durante este semestre, 57% será green. Por su parte, la demanda acompaña este comportamiento.
En un estudio realizado el año pasado por Colliers International sobre un conjunto de búsquedas activas, el 60% de las compañías consultadas manifiesta una preferencia por las construcciones sustentables. Este informe sostiene que casi la totalidad de las empresas con preferencia por la sustentabilidad provienen del exterior del país», sintetiza Badino. «Las próximas décadas vendrán marcadas por un énfasis en el ahorro energético y el uso del agua, habida cuenta de que el desarrollo de los países se puede ver desacelerado por una inadecuada oferta energética que acompañe el crecimiento. Para ello, es imperativo salvar esta brecha con eficiencia en los edificios, tanto existentes como nuevos, de manera que el menor consumo pueda compensar la crisis de combustibles», agrega Schwarz.
En cuanto al marco normativo que regula la actividad de la construcción sustentable, un atisbo fue la ley 13.059 que aprobó en 2011 la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires referida a las condiciones de acondicionamiento térmico exigibles en la construcción de edificios, obligando a que toda nueva edificación cumpla con estándares de aislación en muros y carpinterías. Por otra parte, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante la ley 4428 sancionada en diciembre del año pasado, promueve la construcción de techos y terrazas verdes. «En las obras nuevas se aplican reducciones en el pago de los derechos de delineación y construcción a aquellos trámites que incluyan la construcción de una o más cubiertas vegetales. Este tipo de iniciativas promueven la inversión privada pero es fundamental avanzar con otras propuestas públicas que promuevan el interés privado por la incorporación de estrategias de sostenibilidad en los desarrollos arquitectónicos», sigue Michel.

Las normativas en el mundo

La diferencia entre la cantidad de edificios sustentables, certificados o no, que se concentra en Europa , Asia y América del Norte responde también a políticas concretas implementadas por los gobiernos. Entre las últimas medidas adoptadas en el mundo, según un informe actualizado de Jones Lang LaSalle, en el Reino Unido, el Ministerio de Medio Ambiente emitió un segundo y último conjunto de instrucciones para la presentación de Informes Obligatorios sobre Emisiones de Carbono en marzo 2013. Cualquier empresa que cotice en bolsa, cuyo ejercicio termina el o después del 30 de septiembre de 2013, deberá declarar las emisiones de las cuales son responsables (las emisiones de las flotas de vehículos propios, el consumo de energía en sus instalaciones y la suministrada por los servicios públicos) los cuales pueden incluir los activos y operaciones en el exterior. La normativa para la contabilidad financiera también está cambiando y va a afectar la manera en que son informados aquellos activos alquilados. En Francia, desde el 14 de julio todos los contratos de arrendamiento de inmuebles comerciales (oficinas y locales) de más de 2000 metros cuadrados deberán contener un apéndice sobre medioambiente que establezca un marco para el intercambio de información en materia de energía. Los inquilinos deben facilitar el acceso a sus áreas arrendadas si los propietarios quieren poner en práctica las obras de mejora en eficiencia energética.
En Estados Unidos, en varias ciudades se introdujeron obligaciones de informar y declarar la eficiencia energética en grandes edificios. En Boston, por ejemplo, la Ordenanza de Información y Declaración sobre Energía requerirá que todos los edificios grandes y medianos declaren su uso anual de energía y agua en la ciudad.
Además de la información sobre el uso de energía y agua, podría solicitar auditorías de energía u otras evaluaciones cada cinco años para identificar oportunidades para inversión en eficiencia energética.
En Australia, en abril de este año se introdujeron nuevos estándares que aseguran que los futuros desarrollos en la ciudad alcancen alta performance medioambiental en las fases de diseño, construcción y operación, minimizando la contribución de la ciudad al impacto en el cambio climático reduciendo la emisión de gases de invernadero, mejorando la eficiencia del agua en los edificios, fomentando el uso de fuentes alternativas de agua y minimizando la cantidad de desperdicio destinados a relleno.
Después de lo antedicho, la sustentabilidad bien entendida debiera empezar por casa y habrá que esperar a que los gobiernos se involucren aún más, tanto en la legislación como en la planificación de ciudades sustentables. «Es obvio que la idea de un futuro referido a criterios de sustentabilidad no depende del diseño o de la construcción de más y mejores edificios, sino de la organización del territorio y de la calidad de vida de sus habitantes. La era urbana ha llegado y estos son los principales desafíos», concluye Converti.
Así es que 300 años después, la preocupación de Carlowitz está más vigente que nunca y la necesidad de construir de manera sustentable ya dejó de ser una pregunta para convertirse en la necesidad imperiosa de encontrar respuestas.

 

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